¿Cuándo surgieron y quién escribió los salmos?



El Rey David
Es imposible saberlo. Fueron naciendo a lo largo de seiscientos años. Algunos son muy antiguos; otros son relativamente próximos a la época de Jesús. Son contadas las ocasiones en las que lograremos determinar, con bastante probabilidad, un acontecimiento próximo que nos permita precisar con exactitud el momento en que ha surgido un salmo. Este es el caso del salmo 46, que parece haber surgido tras la retirada del ejército de Senaquerib, en el año 701 a. C. Pero, en la mayoría de los casos, no sabemos cuándo surgió tal o cual salmo.

Antes de aparecer por escrito, los salmos fueron algo vivido. Dicho con otras palabras, al que componía un salmo no le preocupaba el hecho de ponerlo por escrito. Simplemente expresaba ante Dios y ante la gente su situación de sufrimiento, de alegría, de confianza, de alabanza, etc. Estas oraciones espontáneas, nacidas de situaciones concretas de la vida, causaron un fuerte impacto en la vida de la gente. Por eso permanecieron vivas en la memoria del pueblo. Otra gente u otros grupos, que vivieron una experiencia similar, hicieron propias estas mismas oraciones. Y, de este modo, los salmos se fueron conservando de generación en generación.

Para que esta riqueza no se perdiera, mucho tiempo después, se empezó a poner estos textos por escrito. Entraron en acción una serie de personas que sabían leer y escribir, que hicieron adaptaciones, añadidos, que ordenaron materiales, de modo que los salmos recibieron un nuevo ropaje, como podemos ver en nuestras Biblias. Pero en su origen, no hay un texto escrito. Encontramos, es cierto, una fuerte experiencia de una persona o de un grupo, experiencia que se fue conservando y transmitiendo a generaciones sucesivas. Para que se entienda, vamos a poner un ejemplo. Imaginemos que yienes por costumbre rezar espontáneamente y en voz alta a partir de lo que vives, ves y sientes. Tus hijos, rezando contigo, van aprendiendo las oraciones que sueles hacer espontáneamente y las transmiten a la generación posterior, adaptándolas, corrigiéndolas, añadiendo algo. Mucho tiempo después, para que no se pierda este tesoro, alguien decide poner estas oraciones por escrito. Ya no es posible saber quién las ha compuesto. Se han convertido en patrimonio de todos, porque reflejan lo que generaciones y generaciones han experimentado cuando trataron de expresar y traducir la propia fe. Así pues, el origen de los salmos se pierde en la nebulosa de la historia. Pretender averiguar cuándo nacieron es una pérdida de tiempo.

En este comentario de los salmos concederemos poca importancia a la fecha en que hayan podido surgir. La razón es evidente: no es posible determinar el cuándo. Es más importante explorar suficientemente el texto, para que nos proporcione la mayor cantidad posible de información acerca de la situación vivida por quien la compuso.

¿Quién escribió los salmos?

A simple vista, la respuesta parece fácil; 73 de ellos son atribuidos a David. Otros son de los «hijos de Coré» (11) o de «Asaf» (12); otros serían «de Salomón», otros «de Etán» o «de Yedutún», etc. Son datos que encontramos al inicio de muchos salmos. Algunos de ellos, atribuidos al rey David, buscan, en la vida de este rey, una situación que se ajuste al tema del salmo. Éste es, por ejemplo, el caso del salmo 7,1: «Lamentación que cantó David al Señor a propósito de Cus, el benjaminita».

¿Qué valor hay que darle a esta información? ¿Fue, de hecho, David el autor de la mayoría de los salmos? Claro que no. El estudio que vamos a presentar confirmará este dato, y nadie tiene por qué asustarse. En aquel tiempo y en aquella cultura, se acostumbraba a atribuir partes de la Biblia a personajes famosos del pasado. Por ejemplo, la Ley se le atribuía a Moisés y la Sabiduría a Salomón. David siempre fue visto como una persona interesada por la liturgia y por el culto. Era considerado como el hombre de la oración, el amigo de Dios. Por eso se le atribuye la mayoría de los Salmos. Así pues, donde se lee «de David» es mejor leer «dedicado a David» o «atribuido a David». Estos datos que aparecen al comienzo de los Salmos fueron añadidos tiempo después por los estudiosos que los pusieron por escrito, retocándolos, corrigiéndolos o haciendo añadidos.

Un ejemplo, tomado de Mc 12,35-37, puede ayudarnos a esclarecer esta cuestión. Aquí Jesús confunde la sabiduría de los doctores de la Ley, citando el Salmo 110, atribuido a David. Veamos el texto: «Jesús enseñaba en el templo diciendo: "¿Cómo es que los doctores de la Ley dicen que el Mesías es hijo de David?". David mismo, movido por el Espíritu Santo, dice: "El Señor dijo a mi Señor: siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies". Por tanto, el mismo David le llama Señor. ¿Cómo puede, entonces, ser hijo suyo!».

Jesús puso en un atolladero a los doctores de la Ley. Pero hay una solución. Si admitimos que el salmo 110 no es de David, sino de una persona relacionada con el palacio real, todo se aclara. El amigo del rey afirma: «Dijo el Señor (Dios) a mi Señor (el rey de Judá)». Aunque no sea exactamente este el razonamiento de Jesús en Mc 12,35-37a, este ejemplo sirve para mostrar que David no es el autor de los salmos. Le fueron atribuidos los salmos porque se le consideraba el hombre de la oración.

¿Y los otros "autores"? El criterio sigue siendo el mismo. Nunca sabremos quién compuso los salmos, pues nacieron espontáneamente y de forma oral a partir de la que algunas personas y grupos sentían y experimentaban. Se pusieron por escrito mucho tiempo después. Algunos fueron atribuidos o dedicados a David, Moisés, Salomón, Asaf, etc; otros se incorporaron a himnarios, como los salmos que, en el encabezamiento, llevan el título "Del maestro de coro" (véase, por ejemplo, el salmo 54), o el conjunto de los salmos 120-134, conocidos como "Cánticos de las subidas" o "Salmos graduales". Después de ponerse por escrito, estos 15 cortos salmos ciertamente formaron parte de un librito para los peregrinos que subían a Jerusalén. Antes, sin embargo, fueron experiencias concretas de personas o grupos. Sólo en un momento posterior alguien los puso por escrito. Y así acabaron convirtiéndose en parte del librito de cánticos para los peregrinos.

Por tanto, si queremos responder a la pregunta: "¿Quién escribió los salmos?", tenemos que decir que fue el pueblo en sus luchas, en sus alegrías y sus esperanzas, en sus certezas y sufrimientos. En una palabra, fue el pueblo que siempre sintió a Dios como aliado en la lucha por la vida y por la justicia. De hecho, los que todavía creen hoy en ese Dios sienten que los salmos son como un resumen de todo el Antiguo Testamento. Sienten también que el pueblo de antaño tenía las mismas esperanzas que alientan a los hombres y mujeres de hoy en la medida en que sueñan con un mundo mejor y luchan por él. Y Dios es siempre un aliado que no deja a nadie en la estacada.


http://www.angosto.org/