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Sobre la Biblia

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LITERATURA DIDÁCTICA O SAPIENCIAL


Rey Salomón
1. GENERALIDADES
— Origen y desarrollo
El género literario sapiencial fue un género muy desarrollado en todo el antiguo Oriente: Mesopotamia, Arabia, Egipto...; es éste el género literario en el que la literatura hebrea ha experimentado una mayor influencia por parte de los pueblos circunvecinos. Al llegar la monar-quía, Israel quiere imitar a las grandes cortes extranjeras y establece en tiempos de Salomón su escuela de sabios. Aunque tal vez se hiperbolice al afirmar que "la sabiduría de Salomón era mayor que la sabiduría de todos los hijos de Oriente y que toda la sabiduría de Egipto" (1 R 5, 10s), no obstante de él arranca una tradición sapiencial escrita que origina el que a él se atribuya la autoría de varios de los libros sapienciales. Con esto queremos decir que, si del s. X procede la literatura sapiencial, sin embargo se fue desarrollando en siglos posteriores, especialmente a partir del s. V (a. C.).

— Forma de expresión
La forma más corriente es el masal o proverbio, consistente por lo general en un dístico, sujeto a las normas del paralelismo que dejamos apuntadas. Así, sobre todo, originariamente; en los libros que afrontan una temática más profunda (por ejemplo, Job, Sabiduría), el masal evoluciona hacia formas más discursivas.

— Contenido
El tema central de los libros sapienciales es la `Sabiduría', pero una sabiduría, en sus comienzos, muy naturales y humanos, no muy desemejantes de la de los otros pueblos.

La temática sapiencial se desarrolla en torno a la naturaleza y características de la Sa-biduría, los modos de adquirirla, los contextos hostiles y los favorables, su talante práctico, sus posibles límites en el hombre, su despliegue de posibilidades, sus gestas en la historia, sus loores. En la sabiduría de Dios se contemplan dotes trascendentes.

— Libros con Contenido sapiencial
Los libros que corresponden a este género literario son: Proverbios, Job, Eclesiastés (Qohélet), Eclesiástico (Sirácida) y Sabiduría. A ellos se pueden añadir algunos fragmentos de Baruc (3, 9-44), Tobías (4, 3-21; 12, 6-13), algunos salmos (1, 36, 48, 72, 111, 126); también fragmentos de algunos libros narrativos o de otros profetas.

2. PROVERBIOS
Nuestras Biblias colocan en primer lugar, en la lista de los libros sapienciales, el libro de Job; nosotros estudiamos, sin embargo, en primer lugar el libro de los Proverbios, ya que cronológicamente se escribió antes.

— El título.
El título hebreo es masal , que se traduce por 'proverbios'.

— Autor.
El título se completa diciendo: Proverbios de Salomón. ¿Hasta qué punto es él su autor? En 1 R 5, 12 se dice que Salomón "pronunció tres mil parábolas y proverbios". A él se atribuye particularmente la sección del libro que abarca los Cáp. 10-22 y que se abre con la nueva indicación: Proverbios de Salomón(10, 1); ésta es la parte más antigua del libro, que bien puede remontarse a los tiempos de Salomón. También se le atribuye a él la sección que va del Cáp. 25 al 29 y que lleva la inscripción: También éstos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres de Ezequías, rey de Judá (a. 700). Otros autores consignados son los denominados sabios (Cáp. 22-24), Agur (cap. 30) y Lemuel (cap. 31). El autor de los primeros capítulos (1-9) parece ser posterior al destierro.

— Estructura.
Vemos, pues, que el libro de los Proverbios es una colección de colecciones. Tuvo un núcleo inicial (cap. 10-22), al que se juntó un apéndice, la colección de los sabios (cap. 22-24). Otra colección la formaron los cap. 25-29, proverbios recogidos en tiempos de Ezequías, colección que es completada con las sentencias de Agur (cap. 30) y Lemuel (cap. 31). Por último se le añadió un largo prólogo (cap. 1-9) y un epílogo (31, 10-31). Se sitúa en el s. V la estructura definitiva y actual del libro.

— Forma de expresión.
Si el título del libro es Masal es lógico que en él se emplee el masal o proverbio.

— Contenido.
Siendo como es un libro que se ha ido haciendo a lo largo de muchos siglos, la mentalidad y preocupaciones que refleja son también distintos. Las secciones más antiguas contienen una sabiduría preferentemente humana. Sólo uno de cada siete proverbios tiene carácter religioso. Los elementos más tardíos manifiestan una mayor preocupación religiosa y una doctrina más perfecta. En este libro aparece la primera personificación de la sabiduría, cosa que, sin embargo, tuvo ya sus precedentes en la literatura egipcia. Los proverbios tocan infinidad de temas y, si exceptuamos el prólogo y el epílogo, se yuxtaponen sin ningún orden prefijado. Se enseña a discernir entre el bien y el mal y los caminos para conseguir la felicidad.

— Valoración.
La enseñanza de los Proverbios está ya sin duda superada por la de Cristo, Sabiduría de Dios, pero algunas de las máximas anuncian ya la moral del Evangelio. Se ha de recordar también que la verdadera religión únicamente se edifica sobre una base de honradez humana, y el uso frecuente que el NT hace de este libro (catorce citas y una veintena de alusiones) impone a los cristianos el respeto al pensamiento de estos antiguos sabios de Israel.

3. JOB
— Título.
El título del libro corresponde al de su protagonista, Job. ¿Fue un personaje histórico? Así parece suponerlo Ez 14, 14.20. Puede ser que el autor se haya servido, para desarrollar sus ideas, de una vieja tradición sobre un gran justo que se había mantenido fiel a Dios en medio de una gran tribulación. Pero también puede tratarse de una figura convencional.

— Autor y época.
Se desconoce al autor del libro de Job. Alguno sospecha que podría ser de un sabio árabe, pero normalmente se supone que su autor fue un sabio israelita, que vivió en Palestina, aunque tal vez viajó también por otros países. No es fácil precisar la fecha de su composición. El marco narrativo que lo encuadra parece ser muy antiguo, acaso de los tiempos de Salomón. El mismo cuerpo del libro ha podido sufrir adiciones; probablemente lo son los discursos del Elihú. Tal como hoy lo tenemos, sin duda que es posterior al destierro.

— Estructura.
Si hacemos un rápido recorrido por las páginas del libro de Job, a simple vista observamos que conmienza con un prólogo en prosa (1-2) y que finaliza con un epílogo (42, 7-17) en prosa también. Entre ese prólogo y ese epilogo discurre una larga serie de capítulos en verso.

Los capítulos en prosa constituyen el marco narrativo que nos presenta a Job, feliz primero, abrumado por sus desdichas después y premiado por último a causa de su paciencia. La parte central consiste en una serie de diálogos o discursos que podemos dividir en 3 partes:

Discursos de Job y sus amigos (3-31). En esta primera parte, tras un monólogo de Job (3) se suceden tres ciclos de discursos, en que intervienen los tres amigos y Job: primero (4-14), segundo (15-21), tercero (22-28); finaliza con otro monólogo de Job (29-31).
Discursos de Elihú (32-37).
Discursos de Dios (38-41).
— Contenido.
El libro de Job pretende dar respuesta a algo por lo que se han preguntado todos los hombres que se han puesto a reflexionar sobre La causa del sufrimiento humano: ¿cómo conciliar El sufrimiento del inocente con La justicia de Dios?

Job comienza lamentándose de su situación. Frente a esta situación sus amigos exponen reiteradamente la doctrina entonces tradicional: el dolor es castigo; el que sufre es porque ha pecado él o su familia; la pena es acaso castigo de faltas inadvertidas; los arrebatos de Job dan pie a sus amigos para confirmarse en su idea de que el pecado de Job es realmente profundo. Elihú añadirá alguna razón nueva: se puede sufrir para prevenir faltas más graves. Pero frente a todas estas razones, Job hace una y otra vez profesión de su inocencia. Exige a Dios una res-puesta. Al final Dios hablará, pero será para taparle la boca. No se aporta una solución, como no sea la de que hay que abrazarse con el misterio, someterse a la infinita sabiduría de Dios.

— Valoración.
El tema no es absolutamente original, ya que sumerios, babilonios y egipcios, nos ofrecen en sus literaturas figuras de justos que padecen. Esto no obstante el libro de Job es una obra genial, descollante en la literatura universal. Gigantesca e imperfecta, como un cíclope a quien faltara un ojo o sobraran dedos. Quizá su misma imperfección, su inacabamiento, sea signo del desvalimiento humano frente a los últimos problemas del hombre. Es audaz al desafiar el gran enigma, sorprendente al plantear la situación, tensa en gran parte del desarrollo; al mismo tiempo es reiterativa, embozada en ambigüedades y alusiones, coja de incoherencias. `Job' es un libro fascinador y desconcertante.

4. ECLESIASTÉS (QOHELET)
— Título.
En hebreo Qohélet, que es diversamente interpretado; para unos sería un nombre propio; para la mayoría es el participio del verbo gahal, que significa reunirse, dirigir la palabra; designaría, pues, al que dirige la palabra en la reunión del pueblo; de ahí la traducción de los 70 y latina el Eclesiastés, el predicador. Recientemente algunos comentaristas opinan que el libro sería más bien la voz de la asamblea, el público personificado que, cansado de la enseñanza clásica, va a tomar a su vez la palabra.

— Autor y época.
El libro comienza diciendo: "Palabras de Qohélet, hijo de David, rey de Jerusalén". No hace falta discurrir mucho para advertir que se está refiriendo a Salomón. Sin embargo, esta atribución no pasa de ser una ficción literaria. En realidad se trata de un autor anónimo, judío, de Jerusalén probablemente, que suelen situar en el s. III; ciertamente no antes del destierro por razones de lenguaje y de doctrina, y no después del s. III ya que es citado por el Eclesiástico.

— Estructura.
El libro carece de plan definido: son diversas elucubraciones sobre El mismo tema: La vanidad de las cosas humanas.

— Contenido.
Para nuestra mentalidad cristiana este libro, con su actitud desengañada y pesimista, nos resulta desconcertante. El pensamiento es fluctuante, contradictorio. Según él, todo es falaz y, como conclusión, sólo merece la pena el pasarlo aquí lo mejor posible. No se trata, sin embargo, de una solución materialista. El autor es un creyente en Dios, cuyos mandamientos hay que guardar y ante el que habrá que rendir cuentas.

— Valoración.
Para apreciar bien en la obra del Qohélet su carácter auténticamente religioso, es necesario no perder de vista esta perspectiva. Propugna la soberanía e independencia de Dios, que no puede ser limitado ni obligado por consideraciones humanas. Qohélet restituye a Dios la libertad para dar.

5. ECLESIASTICO (SIRÁCIDA)
Este libro es uno de los que llamamos deuterocanónicos, es decir, que no pertenece al canon de la Biblia hebrea, pero sí al de la traducción de los 70 y al nuestro. El libro, sin embargo, fue escrito en hebreo; San Jerónimo hizo su traducción al latín desde el hebreo y es citado por los rabinos. Al no pertenecer al canon hebreo el texto hebreo se había perdido, pero a partir del siglo pasado han ido apareciendo numerosos fragmentos, por lo que actualmente se poseen las 2/3 partes del texto hebreo.

— Título.
El título con que figura en nuestras Biblias es el de Eclesiástico, pero es un título tardío, dado al parecer por San Cipriano: Ecclesiasticus liber, con el que se quería destacar el uso que de él hacía la Iglesia, en contraste con la sinagoga. En la traducción griega de los 70 figura con el título de Sabiduría de Jesús Ben Sirá; los modernos suelen designarlo con el título de Ben Sirá o el Sirácida.

— Autor y fecha.
Conocemos su autor, ya que figura en diversos lugares del libro. Su nieto y traductor nos lo dice en el prólogo (v. 7); también aparece en la conclusión (50, 27). Se trata de Jesús Ben Sirá. Un nieto suyo lo tradujo al griego en el año 38 del rey Evergetes (Ptolomeo VII Evergetes Fiscón, que reinó del 170-117); consiguientemente en el año 132 a. C. Su abuelo, pues, vivió a comienzos del s. II, y se puede situar la composición del libro entre 190-180 por algunos indicios internos.

— Estructura.
El libro se puede dividir en dos partes: La primera consiste en una colección de sentencias (1-42) y no difiere mucho del libro de los Proverbios, ya que las sentencias sobre los diversos temas se van sucediendo sin un orden preestablecido; la segunda celebra la gloria de Dios en la naturaleza (42-43) y en la historia (44-50); se concluye con una oración y confesión del autor (51 ).

— Forma de expresión.
El masal, como en los Proverbios.

— Contenido.
Los temas abordados en la primera parte son tan heterogéneos como los del libro de los Proverbios; se refieren a los diversos aspectos de la vida: relaciones con los demás (padres, amigos, pobres, mujeres...), actitudes (humildad, firmeza, prudencia...), comportamientos... Lo que encontramos de nuevo en el libro es que identifica la Sabiduría con la Ley en el contexto del culto; igualmente se siente comprometido con la alianza y con la historia de Israel, cuyas grandes figuras evoca. Frente a la helenización Ben Sirá opone la fuerza de la Tradición.

— Valoración.
Ben Sirá es el último testigo canónico de la sabiduría judía en Palestina. Es el representante por excelencia de aquellos jasidim, los piadosos del judaísmo, cf 1 M 2, 42s, que pronto defenderán su fe contra la persecución de Antíoco Epífanes y que mantendrán en Israel islotes fieles en los que germinará la predicación de Cristo. Aunque no fue aceptado en el canon hebreo, el Eclesiástico aparece frecuentemente citado en los escritos rabínicos; en el NT, la epístola de Santiago toma de él muchas expresiones, el evangelio de San Mateo se refiere a él varias veces, y, hoy todavía, la liturgia se hace eco de esta antigua tradición de sabiduría.

6. SABIDURÍA
Este libro pertenece también al número de los deuterocanónicos; se explica su no inclusión en el canon hebreo por la simple razón de que no fue escrito en hebreo sino en griego. Figura en la Biblia griega y pasó también al canon cristiano, a pesar de vacilaciones y oposiciones, entre ellas la de San Jerónimo.

— Título.
Los manuscritos griegos llevan por título: Sabiduría de Salomón; la Vulgata latina: Libro de la Sabiduría.

— Autor y fecha.
La atribución a Salomón no deja de ser un recurso literario, como el empleado en otros libros sapienciales. En realidad se desconoce quién es el autor del libro, aunque se está de acuerdo en que fue un judío, residente probablemente en Alejandría; buen conocedor de la sabiduría tradicional judía, pero igualmente de la cultura helenista. Escribe en un griego que domina a la perfección. Se sitúa el momento de su composición en el s. I a. C., siendo así el último libro del AT. Cita a la Biblia por la traducción de los 70, con lo cual queda claro que le es posterior; por otro lado parece desconocer los escritos del también judío alejandrino Filón, quien vivió entre los dos siglos (I a. C. y 1 d. C.).

— Estructura.
El libro suele dividirse en tres partes: En la primera se declara el destino del hombre, según se deje o no guiar por la sabiduría (1-5). La segunda contiene una personificación de la sabiduría, a semejanza de la de los Proverbios, al mismo tiempo que la recomienda a los reyes para que la encuentren al igual que la encontró Salomón (69). La tercera parte expone la acción de la sabiduría en la historia, particularmente en la del pueblo de Israel (10-19). Los Cáp. 13-15 contienen una digresión sobre la idolatría.

— Contenido.
El autor intenta demostrar que la sabiduría de Israel no tiene nada que envidiar a la filosofía griega, ya que tiene su origen en Dios mismo. La doctrina desarrollada es la tradicional: La sabiduría es un atributo de Dios, y aunque no se pueda hablar de una hipóstasis sí se observa un progreso sobre formulaciones anteriores. En relación con Job y Eclesiastés se da el gran avance del reconocimiento de la inmortalidad: "Los justos viven eternamente, en el Señor está su recompensa" (5, 15). En el repaso de la historia de Israel es más profundo que el Eclesiástico, por cuanto que aquí se esboza ya una filosofía de la historia.

— Valoración.
En el NT no se encuentran citas expresas de este libro, pero sí pueden observarse influencias de alguna de sus imágenes sobre concepciones de San Juan y San Pablo cuando hablan de la Palabra y del Espíritu.

MENSAJE DENTRO DE LA HISTORIA DE SALVACION
En atención a su colocación en nuestras Biblias hemos estudiado los libros sapienciales antes que los proféticos; sin embargo cronológicamente fueron escritos con posterioridad a la intervención de los profetas. Los centros de interés son distintos: los profetas son, ante todo, por-tadores de un mensaje de conversión en los tiempos anteriores al destierro o de esperanza durante el destierro. Los sabios escriben en un contexto diferente; si el profeta es un enviado de Dios, el sabio, en gran parte, no es más de un mero filósofo que escudriña los problemas con su simple razón. ¿Cuál es entonces el mensaje de parte de Dios? Junto al plano experimental está también el teológico; éstos son elementos de su mensaje:

• "El mundo no es simple naturaleza, sino creación: obra de Dios.
• Más allá de lo que el hombre puede hacer, está el misterio. Pero éste no es una amenaza para el sabio sino motivo para confiar. Los sabios expresan esta realidad cuando afirman que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. Aquí `temor' quiere decir respeto ante lo que siendo más grande que el hombre, está sosteniendo al propio hombre. Por eso tiene el sentido de confianza gozosa. El `temor de Dios' acompaña al sabio en su tarea y sigue con él cuando su experiencia y su razón dejan de guiarle ya más lejos. Entonces los sabios se dejan guiar por la fe y se adentran en el misterio que rodea al mundo y al hombre: Dios.
• La creación y la vida ordinaria de los hombres se convierten en el lugar donde Dios se manifiesta e interpela. Esta manera de entender la vida no se alcanza con el esfuerzo humano. Es gracia y comunicación de Dios. Los sabios la llaman sabiduría y la describen como si fuera una persona asistiendo a la obra de la creación. Más tarde se la identifica con la Ley y, finalmente, es entendida como la misma acción creadora de Dios".
MENSAJE PARA HOY
La figura y el mensaje de los sabios tienen plena actualidad en los actuales momentos de la Iglesia. Todos los cristianos, especialmente los educadores de la fe, continúan desarrollando la actividad de los sabios, cuando:

• se esfuerzan por conocer y reflexionar sobre la realidad de la vida de los hombres;
• ayudan a confrontar e iluminar continuamente la experiencia de esta vida a la luz de la fe;
•Saben ser verdaderos educadores de la fe de su pueblo.

Tirso Cepedal Román. (2006). Curso de Biblia. Claves para leer el Libro Sagrado. MADRID: Editorial Covarrubias.