Inicio Noticias de la Iglesia Espiritualidad Liturgia Biblia Conoce y defiende tu fe
Historia de la Iglesia Las Vidas de los Santos Lecturas de la Santa Misa María Radio Catedral Libros


PUBLICIDAD

Sobre la Biblia

inicio» ¿Cómo estudiar los Salmos?»

SALMO 10 (9B)

1 ¿Por qué, Yahveh, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?
2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.
3 Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahveh,
4 el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.
5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.
6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» porque en desgracia no se ve, 7 maldice.
De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;
8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. Todo ojos, espía al desvalido,
9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.
10 Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;
11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»
12 ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!
13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»
14 Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.
15 ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!
16 ¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!
17 El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh, su corazón confortas, alarguas tus oídos,
18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!
1. Tipo de salmo
Se trata de un salmo de súplica individual. El salmista clama al Señor (1), pidiéndole que se levante, que alce su mano, que no se olvide de los pobres (12), que le rompa el brazo al injusto y al malvado, que busque su maldad (15). Es una súplica individual dirigida a Dios, rey y juez.

2. Cómo está organizado
Este salmo formaba uno solo con el anterior. En el texto hebreo, todavía quedan rastros de esta unidad, y la traducción griega, conocida como los Setenta, los mantuvo unidos, dando lugar a una numeración diferente de aquí en lo sucesivo.

El salmo tiene dos partes claramente diferenciadas, cada una de las cuales comienza con una petición a Dios. La primera petición (1) viene marcada por un «¿Por qué...?». Sigue una larga descripción de los injustos y de lo que hacen (2-11). Dios parece dormir, sin prestar atención a las injusticias que se están cometiendo. Tenemos aquí la perplejidad de los que se ven ante el silencio de Dios. La segunda petición es más clara. El salmista le da órdenes a Dios para que se levante, para que alce su mano y no se olvide de los pobres (12), y añade otro «¿Por qué...?», conectando la segunda parte (14-18) con la primera. El elemento de conexión viene dado por el tema «Dios no pide cuentas». Esto es lo que afirman los malvados en la primera parte. En la segunda, el salmista fuerza a Dios a pedir cuentas y a hacer justicia. Hay algunas imágenes interesantes: los injustos se convierten en una fortaleza que no vacila (6) y, como fieras salvajes, se dedican a cazar al inocente como si fuera un animal.

3. ¿Por qué surgió este salmo?
Este salmo muestra claramente la existencia de un conflicto social entre el justo y los malvados injustos. Una rápida visión de conjunto permite hacer la lista de los nombres que se dan al malvado (2;4;13;15): es avaro (3), injusto (15) y hombre hecho de tierra (18). Los nombres con que se caracteriza a los justos son: infeliz (2), inocente (8), pobre (9;12;17), indefenso (10;14), huérfano (14;18) y oprimido (18).

Este salmo muestra lo que los malvados hacen contra los justos: persiguen con soberbia al infeliz, urdiendo trampas (2); son ambiciosos, se glorían de su propia ambición, maldicen y desprecian al Señor, difamándolo: «Ese Dios de los pobres, que hace justicia, no existe» (3-4). Son «ateos prácticos» -en la Biblia no hay noticia de la presencia de «ateos teóricos» o «dogmáticos»-. Simplemente niegan la existencia del Dios que defiende a los pobres y que hace justicia. Para ellos, el Dios del éxodo es mera ficción, una creación literaria. En concreto, no existe. Al amparo de la impunidad o, dicho de otro modo, ante el silencio o la ausencia de Dios, cometen las mayores injusticias: por medio del robo, el fraude, la maldad y la opresión (7), sus empresas salen adelante (5), y acaban ocupando el lugar de Dios. Dicen: «Dios no existe. Nosotros existimos. ¡Nosotros somos Dios!». Apoyándose en la mentira, en el robo y en la opresión construyen un imperio que pretende ser indestructible, cuyos cimientos no vacilan. Y, de este modo, infunden terror por todas partes (18).

Los justos no se rinden y resisten. Pero los injustos los vigilan, están al acecho, planean destruirlos, les dan caza enredándolos en sus redes (2. 8-10). Se compara a los malvados con una bestia salvaje que mata sin piedad o con el cazador que captura animales en sus trampas. Esta imagen está suficientemente desarrollada, con profusión de detalles. Y acaban diciendo que Dios ni se fija en todo esto... De hecho, hasta aquí estamos asistiendo al drama del silencio o la ausencia de Dios.

La segunda parte refleja las convicciones de los justos. Dios se fija, es cierto, pues ve las fatigas y sufrimientos. Él es rey y, como tal, tiene la obligación de atender a los clamores que llegan hasta él. De hecho, según la Biblia, la principal tarea del rey consistía en hacer justicia a los oprimidos, eliminando para siempre la injusticia. El lenguaje se vuelve duro y el salmista le pide a Dios que les rompa el brazo al injusto y al malvado, que indague y que haga justicia.

4. El rostro de Dios
En una sociedad conflictiva, Dios es siempre el aliado de los justos contra los injustos, contra sus planes y sus acciones. Desde tiempos del éxodo, Israel había aprendido a recurrir al Dios aliado que hace justicia y defiende a los oprimidos. Si en la primera parte de este salmo teníamos el silencio o la ausencia de Dios -que llevaba a los malvados a pensar que Dios no intervenía-, en la segunda tenemos el vivo retrato del Dios de la Alianza y defensor de los derechos de los pobres y de los oprimidos: él ve las fatigas y los sufrimientos de los pobres (14); es aquel al que se encomienda el indefenso y en quien encuentra socorro el huérfano (14); es rey que hace justicia, eliminando la injusticia para siempre (16); escucha los deseos de los pobres y hace justicia al huérfano y al oprimido (17-18).

La vida entera de Jesús consistió en atender al clamor de cuantos acudían a él: marginados, oprimidos, pobres, huérfanos y viudas. Basta considerar qué es lo que Jesús hacía y en favor de quién. Además, desenmascaró violentamente la hipocresía de la gente de bien que, amparándose en la religión, negaba al Dios de la justicia y de la vida (véase, por ejemplo Mt 23, 1-36; Mc 12, 1-40; Lc 20, 1-47).

5. Rezar el este salmo
Este es un salmo de súplica y debe rezarse en este ambiente: cuando tenemos la sensación de que Dios está dormido o que está ausente de los conflictos y sufrimientos que jalonan nuestra vida; cuando los poderosos niegan que exista un Dios que hace y quiere justicia; cuando vemos a personas inocentes, indefensas e infelices que son explotadas y asesinadas; cuando buscamos fuerzas para la lucha en favor de la justicia, de los derechos humanos, etc.

Otros salmos de súplica individual: 5; 6; 7; 13; 17; 22; 25; 26; 28; 31; 35; 36; 38; 39; 42; 43; 51; 54; 55; 56; 57; 59; 61; 63; 64; 69; 70; 71; 86; 88; 102; 109; 120; 130; 140; 141; 142; 143.


Bortolini Jose. (2002). Conocer y rezar los Salmos. MADRID: SAN PABLO.