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Sobre la Biblia

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DESDE LA MONARQUIA HASTA EL NUEVO TESTAMENTO

Hemos visto con anterioridad que los israelitas, acosados por los pueblos circunvecinos, se ven en constante necesidad de defensa, para lo que convocan a los diversos grupos, recriminando a aquellas tribus que se muestran remisas, como lo hemos visto en el caso de Débora. Esto está apuntando hacia la unificación de las tribus en una monarquía. Se dieron algunos intentos fallidos, hasta que en tiempos de Samuel, el último de los jueces (1040-1030), y aunque él no era partidario del sistema monárquico, se da paso a una monarquía con Saúl, que reúne particularmente a las tribus del sur. Este ensayo de monarquía en la persona de Saúl, desembocará a continuación en el reinado de David, quien da unidad a todas las tribus y llega a dominar sobre toda Palestina.

A partir de este momento vamos a intentar ofrecer, a grandes rasgos, lo que fue la historia de Israel y en qué libros de la Biblia se nos cuenta:

1. Saúl, David y Salomón
2. Los dos reinos:
a) El reino del Sur (Judá)
b) El reino del Norte (Israel)
3. El destierro en Babilonia
4. Después del destierro

1. SAUL, DAVID Y SALOMON


El rey David
Suele decirse que antes de la monarquía el régimen israelita era un régimen teocrático: Dios era el que dirigía a su pueblo a través de los jueces, suscitados directamente por El. Este paso a la monarquía algunos lo veían como un rechazo de la intervención directa de Dios (1 S 8, 7-8); sin embargo, el rey va a ser considerado también como un lugarteniente de Dios, por eso es ungido por el profeta o por el sacerdote.

Este período abarca los 100 años, poco más o menos, que van desde la elección de Saúl (1030 a. C.) hasta la muerte de Salomón (932 a. C.). Su relato lo encontramos en los dos libros de Samuel: el primero dedicado a Samuel, Saúl y juventud de David, y el segundo al reinado de David; lo relativo al reinado de Salomón se halla en los 11 primeros capítulos del libro primero de los Reyes. Estos relatos suponen un paso adelante en el género narrativo; si los escritos anteriores los situábamos dentro del género épico, en éstos podemos encontrar ya rastros de auténtica historia; desaparecen las intervenciones sobrenaturales; las causas humanas serán ya las que determinen la concatenación de los acontecimientos. Igualmente, nos hablan de este período el libro primero de las Crónicas y los 9 primeros capítulos del segundo. Estos libros, escritos hacia el año 300 a.C. en Jerusalén, se apoyan en libros de Samuel y Reyes, pero a veces se sirven también de otras fuentes.

David es la figura central; consigue la unión de todas las tribus, llegando a establecer un reino sólido después de someter a todos los pueblos circunvecinos. Primero fue ungido rey de la tribu de Judá en Hebrón (a. 1012-1005) (2 S 2, 1-4) y posteriormente de todas las tribus (1005- 972). Conquista a Jerusalén y hace de ella el centro político y religioso, trasladando allí el arca de la alianza desde Quiryat-Yearim.

Es importante el mensaje que le transmite el profeta Natán: no será él quien construya el templo de Jerusalén, pero Dios le constituirá a él como cabeza de una dinastía que no tendrá fin: tu casa y tu reino permanecerán para siempre (2 S 7, 12-16). La dinastía, linaje davídico, si aparentemente pareció truncarse con el exilio babilónico- y con ello fracasar la promesa, sin embargo, se perpetuará en un descendiente privilegiado, que realizará más tarde plenamente lo anunciado por Natán.

Salomón, hijo de David (972-932), recibe de su padre un reino fuerte, que él perfecciona en algunos aspectos materiales y administrativos. Entre sus construcciones destaca el templo de Jerusalén. Para la posteridad ha quedado como prototipo del rey sabio, dando lugar al nacimiento de una literatura hebrea: si a David se le atribuye la iniciativa de los salmos, a Salomón se le atribuirá la autoría de numerosos libros sapienciales.

Durante este tiempo se inicia, pues, una literatura lírica (Salmos), y sapiencial (Proverbios); en el terreno legislativo se actualiza el Decálogo acomodándolo a la nueva situación (Ex 20-23), y comienza a ponerse por escrito la designada tradición `Yavista', la más antigua de cuantas aparecen en el Pentateuco.

2. LOS DOS REINOS

Las tribus del Norte no habían llegado a fundirse plenamente con las del Sur. Ya en tiempos de Salomón se había producido un intento de sublevación por parte del efrainita Jeroboam; sublevación que se hará efectiva a su muerte, debido a los pesados impuestos y a las levas de trabajadores forzados exigidas por el rey. El reino del Sur o Judá quedará reducido al territorio de las tribus de Judá y Simeón, mientras que el reino del Norte o Israel abarcará el de las diez restantes tribus. Benjamín aparece también asociado al reino del Sur (1 R 12, 12s).

Esta historia se nos cuenta en los libros de los Reyes, cuya redacción finaliza en el s. VI a. C., y en el 2.° de las Crónicas. La obra (Libro de los Reyes) es de gran valor como historia, a pesar de que sus campos de interés son limitados y sus juicios sobre los reyes son parciales. El autor, más que historiador, es un teólogo: "Para entender el mensaje de este autor es preciso situar Reyes en el conjunto de la historia deuteronomista y ver cómo utilizó, combinó e interpretó sus fuentes para dar un testimonio de orden teológico. Una de las conclusiones que quiere se saque de su lectura es que la ruina de la monarquía no ha ocurrido por infidelidad de Dios, sino por culpa de sus reyes que, en su mayoría, no guardaron la alianza.

a) El reino del Sur (Judá)

Se extiende cronológicamente desde la muerte de Salomón (932) hasta la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el 587. Sus reyes pertenecen todos a la dinastía de David; esto, junto con el templo de Jerusalén, da una cierta consistencia a este reino del Sur, tanto en su aspecto político como religioso.

Entre sus reyes podemos destacar a Asá (911-870) y a su hijo Josafat (870-848), ambos reyes piadosos, que promueven la renovación religiosa y "hacen lo recto a los ojos de Yahvé, como David su padre" (1 R 15, 11); Ozías (781-740), reinó rectamente y tuvo una política acertada de expansión y prosperidad; Ajaz (736-716), rey impío, para defenderse de los reyes de Israel y Siria se alía con los asirios; su hijo Ezequías.(716-687), por el contrario, rey piadoso, promueve la renovación religiosa y se ve libre milagrosamente del asedio de Senaquerib; Josías (640-609): con ocasión de unas obras en el templo se encuentra, en el 621, el "libro de la Ley", probablemente el Deuteronomio, al menos en su parte legislativa; esto da lugar a una profunda renovación religiosa promovida por el rey, haciendo del templo de Jerusalén el único lugar de culto. El resto de la historia del reino de Judá fue ya de decadencia hasta hundirse bajo las dos incursiones de Nabucodonosor, rey de Babilonia (597 y 587), quedando Jerusalén destruida, y deportada gran parte de la población.

Durante este tiempo actúan en Judá los profetas Isaías (740-700) y Miqueas (el mismo tiempo); posteriormente lo harán Jeremías (626-587), Nahum, Habacuc y Sofonías (poco más o menos en el mismo tiempo).

Literariamente hay que consignar los escritos de los susodichos profetas, también más salmos, continuación del libro de los Proverbios y se dio acogida, tras la caída del reino del Norte, a algunos de los escritos allí compuestos, fundiendo la tradición elohista en la llamada yehovista.

b) El reino del Norte (Israel)

Su duración es más limitada, desde el 932 al 721, en que cae en poder de los asirios. Caracteriza a este reino una mayor turbulencia, con frecuentes cambios de dinastías y una mayor infidelidad religiosa.

Lo inicia Jeroboam (932-910), quien, además del cisma político, ocasiona el cisma religioso, haciendo dos becerros de oro que coloca, uno en Betel y otro en Dan. Sobre el alcance de este cisma se cree que Jeroboam no pensaba en cambiar de divinidad, sino que actuaba por fines políticos. Al arca de la alianza que era en Jerusalén el símbolo de la presencia de Yahvé, contrapone el novillo, símbolo de la peana de Yahvé invisible... Pero al elegir el mismo símbolo que para Baal, Jeroboam abría la puerta a la peor ocasión comprometedora. Este será el `pecado de Jeroboam' que se repetirá como un estribillo en las condenas de los reyes de Israel para el historiador deuteronomista.

Otros reyes importantes en el Norte fueron Omri (885-874), quien funda la nueva capital del reino, Samaría; su hijo Ajab (Acab) (874-853), que se casa con la fenicia Jezabel y levanta en Samaría un santuario a Baal, siendo objeto de la indignación del profeta Elías; Jehú (841814) reacciona religiosamente contra el culto a Baal y actúa despiadadamente contra la familia de Ajab; Jeroboam II (783-743) políticamente el más destacado de los reyes de Israel, con sus victorias y la expansión del territorio. Después la situación se precipita: reinando Pecaj (737-732), Teglatfalasar se apodera de gran parte del territorio, y, por último, en el 721, tras tres años de asedio, cae Samaría en poder del rey asirio Sargón II, quien deporta a gran parte de la población hacia tierras de Mesopotamia Superior y Media.

En el reino del Norte intervienen los profetas Elías (primera mitad del s. IX) y Eliseo (segunda mitad). Estos dos grandes profetas no dejaron escritos, pero está consignada su actuación en los libros de los Reyes: de Elías en 1 R 17-22; 2 R 1-2, y de Eliseo en 1 R 19, 19-21 y 2 R 2-13. Posteriormente los profetas Amós y Oseas, que actúan durante el s. VIII, poco antes de la caída de Samaría.

Del reino del Norte procede la tradición elohista que, como hemos dicho, se integrará con la Yavista tras la caída de Samaría; igualmente el Deuteronomio, que aparecerá en Jerusalén provocando la reforma religiosa de Josías en 621.

3. EL DESTIERRO EN BABILONIA

En la Biblia no hay, propiamente hablando, ningún libro que nos cuente la historia de estos años de destierro; pero sí podemos saber de ellos a través de algunos libros de los profetas. Dura unos 50 años, contando desde la destrucción de Jerusalén (587) hasta el edicto de Ciro (538) que autoriza el retorno de los cautivos.

A primera vista podría parecer que el tiempo del destierro, lejos del templo y de la tierra prometida, tuvo que ser un tiempo de mayor hundimiento religioso y de una apostasía generalizada. Sin embargo, las cosas no fueron así. La tribulación sirvió para una purificación y Dios suscitó profetas que contribuyeron a levantar el ánimo y a mantener la fidelidad a la ley y a las costumbres judías.

La actividad creadora no cesó con el exilio, ni entre los que se quedaron en su tierra ni entre los que fueron a Babilonia. Aquéllos nos legaron el libro de las Lamentaciones. Pero el pueblo trasplantado no se dejó tampoco aniquilar por la desgracia. La situación no era tan dura como para que los desterrados no pudieran reunirse y cultivar su identidad... En ese contexto se sitúa la actividad de dos grandes profetas, como el segundo Isaías (Is 40-55) y Ezequiel; hasta ahí se extiende también la actividad de Jeremías que, según Jr 29, se escribe con los desterrados. En ese mismo marco se sitúa también la actividad de la llamada escuela sacerdotal.

4. DESPUÉS DEL DESTIERRO

Esta época "después del destierro" se inicia con la política de benevolencia con los pueblos sometidos, una vez que Babilonia caen en poder de Ciro el año 539 a. C. Al año siguiente aparece el decreto de Ciro permite la repatriación de los judíos e incluso les procura dinero para la reconstrucción del Templo (Esd 1, 2-4).Vamos dividir todo este espacio de tiempo en estos períodos:

A) Bajo el dominio persa (538-333)
B) Bajo el dominio y la influencia griega (333-63)
c). Bajo el imperio romano (63...)

a) Bajo el dominio persa (538-333)

La repatriación no se realiza toda ella de una vez, sino que se va produciendo en diversos momentos. De todo esto nos hablan los libros de Esdras y Nehemías, escritos al final de este período.

La primera expedición estuvo presidida por Sesbassar, príncipe de Judá. Posteriormente lo hará Zorobabel. Se intenta reconstruir el Templo, pero las obras no van adelante a causa de la oposición de los samaritanos, cuya colaboración no es aceptada. Gracias a la intervención de los profetas Ageo y Zacarías se llegará, por fin, a su dedicación el año 515.

En tiempos de Artajerjes (mitad del s. V) el escriba Esdras llega a Jerusalén con una nueva expedición de repatriados y también con un decreto real que imponía a los judíos la Ley mosaica como ley de estado; ello le llevará a tomar severas medidas contra los matrimonios contraídos con mujeres extranjeras. Por el mismo tiempo, Nehemías, dignatario en la corte de Artajerjes, se traslada a Jerusalén para promover la reconstrucción de sus murallas e ir resolviendo problemas económicos y sociales.

Este período no tiene relieve políticamente: el hecho de la repatriación no supone la independencia; pero sí es de la mayor trascendencia en el aspecto religioso: el regreso de la cautividad es contemplado por los profetas como un nuevo éxodo. Durante este tiempo queda consolidado lo que hoy entendemos por "judaísmo" y queda fijado el núcleo fundamental de la Biblia: el Pentateuco y otros libros históricos y sapienciales como Job, Cantar, Jonás..., se van coleccionando los salmos y actúan los profetas Tercer Isaías, Ageo, Zacarías, Malaquías, Abdías, Joel...

Antes de seguir adelante llamamos la atención sobre algunos datos que conviene tener claros:

⋄ No todos los judíos regresaron a Palestina; muchos se quedaron en la región de Babilonia; suyo será, siglos más tarde, el llamado Talmud babilónico. Igualmente sabemos de otros lugares de esta 'diáspora', particularmente en Egipto, donde encontramos centros tan importantes como Elefantina (s. V), isla en el Nilo, donde una comunidad judía cuenta con templo propio y de la que se conservan numerosos manuscritos, y, posteriormente, Alejandría, donde surgirá la traducción de los Setenta.
⋄ La lengua que se hablará en adelante en Palestina va a ser el arameo; es la lengua oficial en el imperio persa y es la que vienen hablando los judíos al regresar del destierro; el hebreo quedará como lengua litúrgica y literaria.
⋄ A falta de reyes y con la progresiva desaparición de los profetas, los sacerdotes se van a convertir en los verdaderos jefes políticos y religiosos del pueblo.
⋄ Los samaritanos (es decir: el antiguo reino del Norte), actualmente mezclados con colonos extranjeros, no son aceptados por los judíos a la hora de la reconstrucción del templo de Jerusalén, lo que dará lugar a fricciones y tensiones, que desembocarán en la consolidación del cisma religioso, motivo por el que construirán su propio templo en el Garizim. Los samaritanos sólo reconocen como libros sagrados los que se tenían por canónicos en el momento de la separación: el Pentateuco.

b) Bajo el dominio y la influencia griega (333-63)

El año 333 a. C., con ocasión de su campaña de Egipto, Alejandro Magno ocupa también Palestina. A su muerte, en 323, se reparten sus generales su inmenso imperio. Palestina queda en un principio bajo la jurisdicción de los Lágidas de Egipto; su gobierno es respetuoso con las costumbres y religión judía; sigue siendo un tiempo de paz.

Así hasta el año 198 a. C. en que el seléucida Antíoco III arrebata a Egipto el territorio palestinense. Los Seléucidas de Siria intentan imponer por la fuerza a los judíos las costumbres y religión griega, cosa que, por otra parte, estaba propiciando un sector de la misma población judía, simpatizante con las costumbres extranjeras. La persecución culmina con Antíoco IV, quien en el 167 instala en el Templo de Jerusalén la estatua de Zeus.

Es a partir de este momento cuando estalla violentamente la resistencia judía, iniciada por el sacerdote Matatías y secundada por sus hijos, particularmente por Judas Macabeo, quien, gracias a sus victorias, pudo celebrar el 164 la purificación del Templo. Así se inicia un período impreciso de independencia de los Seléucidas, que culmina con la independencia total en tiempos de Juan Hircano I (134-104). El encabeza la llamada dinastía asmonea (nombre con el que Flavio Josefo designa a la dinastía de los Macabeos), dinastía que tiene buenos comienzos, pero que desemboca en intrigas y luchas fratricidas que encontrarán su final con la ocupación romana el año 63 a. C.

Estos acontecimientos, particularmente la sublevación macabea, los encontramos narrados en los libros de los Macabeos, particularmente en el primero. Por otra parte, continúa la actividad literaria que produce libros especialmente de carácter sapiencial, como el Eclesiastés (Qohelet), el Eclesiástico (Sirácida), Sabiduría; de carácter didáctico: Tobías, Ester, Judit; y se inicia el llamado género apocalíptico con Daniel, ofreciendo una visión de esperanza en los tiempos duros de la persecución.

Por este tiempo es cuando comienzan a perfilarse entre los judíos los grupos o tendencias que encontramos netamente diferenciados en tiempos de Jesús: fariseos y saduceos.

Fariseos: Etimológicamente `fariseo' significa `separado'. ¿De qué se separaron? No está claro el origen del movimiento. Algunos lo interpretan como `separados' de todo lo `impuro'; otros, más bien, de la postura belicista de los Macabeos. Se les considera como los sucesores de los asideos, los piadosos, que, a partir de la renovación espiritual de Esdras, encarnan la fidelidad a la Ley. Según Flavio Josefo ya existían hacia el año 150 a. C.

Saduceos. Pudiera ser que su nombre procediera de Sadoq, cabeza de la dinastía de sumos sacerdotes reinante por este tiempo. El grupo estaba formado principalmente por círculos sacerdotales y familias ricas. Oportunistas y liberales, contemporizadores con los poderes dominantes. Hacia el año 150 a. C. es cuando comienza a verificarse su oposición frente a los fariseos.

Junto a ellos, los esenios; más radicalizados que los fariseos. Su mentalidad y régimen de vida son hoy día más conocidos a partir de los descubrimientos de Qumrán.

c) Bajo el imperio romano (63...)

Roma intervino en Palestina con ocasión de la guerra civil entre los dos hermanos Aristóbulo II e Hircano II. Pompeyo se apodera de Jerusalén el año 63 y nombra a Hircano sumo sacerdote. Tras la invasión de los partos (40 a. C.), Herodes, hijo del idumeo Antípatro, ministro de Hircano, reconquista Jerusalén junto con Sosio, gobernador romano de Siria, y es nombrado rey por los romanos. En su tiempo nace Jesús. Aunque se hizo religiosamente judío, muchos judíos no le aceptaron como tal. Imbuido del espíritu helenista fue promotor de la construcción y embellecimiento de ciudades y monumentos.

MENSAJE DENTRO DE LA HISTORIA DE SALVACIÓN

Estos libros que nos cuentan la historia del pueblo de Israel desde el comienzo de la monarquía hasta la era cristiana (Samuel, Reyes, Crónicas, Esdras, Nehemías, Macabeos), aunque nos ofrecen muchos datos históricos, no son plenamente históricos; no nos cuentan todo lo que pasó; hacen una selección de datos con una intención religiosa. En esta intención religiosa reside el mensaje que querían transmitir. Y éste es fundamentalmente el mensaje:

⋄ Dios promete a David que su trono estará firme eternamente.
⋄ No obstante, la monarquía sufre un ocaso con el destierro. De este fracaso no hay que echar las culpas a Dios, sino a la infidelidad de los reyes y del pueblo, sordos a la voz de los profetas.
⋄ Con todo, no hay que perder la esperanza; la promesa davídica sigue en pie y, consiguientemente, la esperanza de un Mesías.
⋄ En los libros de los Macabeos se fustiga el judaísmo helenizante y se idealiza a los héroes Macabeos, al mismo tiempo que se proclaman doctrinas religiosas como la resurrección, la retribución en la otra vida, la oración por los muertos...

MENSAJE PARA HOY

Esta historia del pueblo de Israel nos enseña que Dios está por encima de la historia e interviene en momentos decisivos, pero la historia la hacemos los hombres, con todos nuestros errores y pecados. Es pueril pretender que Dios esté saliendo constantemente al paso de los errores de la humanidad, para castigar, según los deseos de unos, o para poner remedio, según los deseos de otros.


Tirso Cepedal Román.
Libro: Curso de Biblia. Claves para leer el Libro Sagrado.