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INTRODUCIÓN AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

El evangelio de Marcos es el primer retrato de Jesús de Nazaret. Pero no retrato de un Jesús puramente histórico, sino de un Jesús a la vez de la historia y de la fe, contemplado y proclamado Mesías e Hijo de Dios, a la luz fulgurante de la resurrección y del Espíritu de Pentecostés. Sin embargo, hay en el evangelio relatos que conservan, en numerosas ocasiones, la frescura de un testigo que conoció, vio y oyó a Jesús de Nazaret.

El evangelista cuenta a los cristianos de Roma, en la década de los años sesenta-setenta, la historia de Jesús Mesías, Hijo de Dios: lo que hizo y enseñó, cómo vivió, murió y resucitó, a fin de que los discípulos de Jesús sigan las huellas y el ejemplo de su Maestro. La comunidad cristiana de Roma se encontraba, en esos años, asediada por la persecución de Nerón, bajo cuyo reinado murieron martirizados muchos cristianos, entre los cuales se contaron los apóstoles Pedro y Pablo.

El historiador Tácito cuenta que Nerón (54-68 d.C.) ordenó una persecución violenta contra los cristianos. La ocasión fue el incendio de Roma durante seis días enteros a partir del 18 de julio del año 64. El incendio fue provocado por el mismo Nerón, pero señaló a los cristianos como culpables y éstos fueron castigados como autores de aquel desastre. Fueron torturados, quemados, echados a las fieras, arrojados al Tíber y considerados reos de odio del género humano.

En el fondo, la persecución a los cristianos fue “por ser cristianos”. El cristiano no era conformista, sino que rechazaba los dioses del Imperio y el culto al emperador. De aquí surgieron contra ellos el odio, la malevolencia y la difamación. Fueron considerados peligrosos para el Estado e incompatibles con él. En definitiva, se prohibió ser cristiano.

Según Tácito y Clemente, las víctimas fueron “ingente multitud”. Entre ellos, Pedro fue crucificado, y Pablo, decapitado. No sabemos si esta persecución se circunscribió sólo a Roma o amplió sus horizontes a otras partes del Imperio.

El evangelio de Marcos es el más antiguo: no depende ni de Mateo ni de Lucas. En principio, para percibir lo que Marcos ha querido comunicar, hay que leerlo sin acudir a lo que escribieron más tarde los otros evangelistas. Éste quiere ser, fundamentalmente, nuestro método en general.

Muy probablemente, Marcos, para redactar su obra, se sirvió de tradiciones anteriores, orales y escritas, enriqueciéndolas con su contacto directo con el apóstol Pedro y con su genio personal. Así entrega a los romanos el evangelio que conocemos.

Al escribir su libro, el evangelista no quiso ser exhaustivo en contar todo lo que hizo y dijo Jesús, ni se afanó por presentar los acontecimientos en una secuencia cronológica rigurosa. Nos entrega la historia de Jesús, contándonos lo más significativo de su vida desde su bautismo en el Jordán hasta su resurrección, tras su muerte en la cruz y de su sepultura.

El evangelista desarrolla su obra en cinco etapas:

1. Hace la presentación de Juan Bautista, profeta enviado por Dios, que bautiza a Jesús en las aguas del Jordán. Jesús es ungido por Dios con su Espíritu, pasa en el desierto cuarenta días y es tentado por el demonio (1,2-13).
2. Narra el ministerio de Jesús en Galilea, sus idas y venidas, incluyendo un viaje a los territorios de Tiro y de Sidón y a la ciudad de Cesarea de Filipo (1,14–8,30).
3. Poco a poco traslada a Jesús de Galilea a Judea, pasando por Transjordania, hasta subir a Jerusalén (8,31–10,52).
4. Nos da a conocer el intenso ministerio que Jesús ejerció en Jerusalén durante unos cuantos días (11,1–13,37).
5. Finalmente, nos narra los acontecimientos decisivos de la última cena de Jesús con sus discípulos, su prendimiento, sus sufrimientos, su muerte en la cruz y su resurrección al tercer día (14,1–16,8). De los 16 capítulos que tiene el evangelio de Marcos, los últimos tres (más o menos el 18%) están dedicados a la cena, pasión y resurrección de Jesús.

I. PLAN DEL EVANGELIO

El evangelio de Marcos no presenta un plan armónico como el de Mateo o el de Juan. El autor ha querido hacer una selección de “palabras y hechos” para pintar con ellos un “retrato vivo” de Jesús. El evangelista no se empeñó en escribir la “historia” de Jesús; por eso, no se ha ceñido a una cronología estricta. Los comentadores de Marcos parten de diferentes criterios para descubrir el plan del se- gundo evangelio. Unos proponen un plan teniendo en cuenta datos geográficos y viajes de Jesús (así, la Biblia de Jerusalén). Otros prefieren fijarse en indicios literarios y doctrinales (así, la Introducción de Robert-Feuillet). Otros piensan que Marcos escribió su evangelio para combatir alguna herejía (así, R. A. Edwards).

Por nuestra parte, siendo conscientes de las cinco etapas de la vida de Jesús mencionadas más arriba, encontramos, sin embargo, que el evangelista subraya a lo largo de su obra dos notas muy importantes de la identidad de Jesús: él es “el Mesías” davídico, pero también es “el Hijo del hombre”. Esta doble presentación corre a lo largo de todo el evangelio, pero se puede discernir particularmente en dos etapas, que nos invitan a dividir el libro en dos grandes partes.

La primera parte se abre con la unción mesiánica de Jesús en el Jordán: el Espíritu Santo desciende sobre Jesús y la voz de Dios-Padre muestra que él es “el Mesías” (1,9-11). Su mesianismo es finalmente confesado en público por Simón Pedro (8,27-30).

La segunda parte presenta característicamente a Jesús como “el Hijo del hombre”, figura muy compleja, densa y rica en contenido, pues, si por una parte, evoca al glorioso Hijo del hombre de Daniel (Dn 7,13-14), por otra lo describe también como el humano y sufriente Siervo-profeta de Dios de quien habla Isaías en los Cánticos del Siervo de Yahvéh (Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-7; 52,13–53,12). De ahí el retrato característico de Jesús en los tres anuncios de su pasión, muerte y resurrección (8,31-33; 9,30-32; 10,32-34), y su identificación personal como “el Hijo del hombre” ante el Sanedrín (14,62).

La narración de Marcos recuerda a sus lectores que el Reino de Dios está presente, aunque oculto, y que será revelado con poder; que la identidad de Jesús no puede ser comprendida fuera de la cruz, y que el camino del discípulo de Jesús es el servicio[1].

PRESENTACIÓN DEL LIBRO (1,1)

Primera parte:

El ministerio de Jesús, el Mesías (1,2–8,30).

I. Preparación al ministerio de Jesús (1,2-13).

II. Primera evangelización y primeros discípulos (1,14-20).

III. Un día en Cafarnaún (1,21-34).

IV. Un recorrido por Galilea (1,35-45).

V. Las cinco primeras controversias (2,1–3,6).

VI. Jesús instituye el grupo de los Doce (3,7-35).

VII. El discurso en parábolas (4,1-34).

VIII. Cuatro milagros, obras de poder (4,35–5,43).

IX. El primer envío de los Doce (6,1-56).

X. Discusiones con las autoridades (7,1-23).

XI. Nuevos signos mesiánicos (7,24–8,26).

XII. Profesión de fe de Pedro (8,27-30; Mt 16,13-20; Lc 9,18-21).

Segunda parte:

El destino de Jesús, el hijo del hombre (8,31–16,20).

I. Jesús, el Hijo del hombre (8,31–9,29).

II. Enseñanzas de Jesús a los Doce (9,30–10,31).

III. Subiendo a Jerusalén (10,32-52).

IV. Ministerio de Jesús en Jerusalén (11,1–13,37).

V. La última cena (14,1-31).

VI. La pasión de Jesús (14,32–15,47).

VII. La resurrección del Señor (16,1-20).

II. TEOLOGÍA DEL EVANGELIO DE MARCOS

La finalidad doctrinal del evangelio de Marcos está expresada claramente en el título mismo de la obra: proclamar la Buena Nueva, “el Evangelio de Jesús Mesías, Hijo de Dios” (1,1).

El segundo evangelio, más que dar sistemáticamente la doctrina del Maestro, pone de relieve los “hechos y palabras” que presentan a Jesús como el Mesías, como el Hijo del hombre y como el Hijo de Dios. Todo esto es una verdad de fe aceptada y vivida, que no intenta probar, sino manifestar.

1. JESÚS ES EL MESÍAS

Todo parte del acontecimiento del Jordán. Los cielos se rasgan y Jesús ve que el Espíritu, en forma de paloma, baja y entra en él, y escucha una voz del Cielo: “Tú eres mi Hijo amado; en ti me complazco” (1,10-11). Jesús es, pues, el Ungido con el Espíritu; es el Mesías, que viene a instaurar el Reino de Dios (1,14-15).

a) Jesús Mesías investido con poder

Jesús el Mesías supera en grandeza a los profetas del Antiguo Testamento. Él es “el santo de Dios”, vencedor de los demonios, señor de la naturaleza animada e inanimada, que vino a rescatar a los hombres por su sacrificio en la cruz (8,31; 10,45). De ahí la importancia de los exorcismos y de los milagros, que ostentan la omnipotencia del Salvador (1,23-25; 4,39). Sembradas a lo largo del evangelio encontramos dieciocho obras de poder: exorcismos, milagros, curaciones. Estas acciones poderosas parecen ser como el esqueleto del evangelio. Sin ellas, el evangelio se desmoronaría [2].

Los “exorcismos” reflejan la lucha de orden espiritual y escatológico que opone el Reino de Dios al reino de Satanás. Esta lucha invisible se manifiesta en el modo de obrar y de gritar de los demonios, a quienes se les prohíbe hablar y revelar más cosas (1,24-25; 3,11-12; 5,7).

Los “milagros y curaciones” son fuerzas o actos de poder (dynámeis) que manifiestan que el Reino de Dios ha llegado y está presente en Jesús. Éste ordena a los sanados que no hablen de la obra realizada en ellos, pero eso es imposible (7,36s).

b) El secreto mesiánico [3]

En tiempos de Jesús, el concepto de Mesías era el de un descendiente de David, guerrero nacionalista, que reconquistaría la libertad para el pueblo judío y restablecería el reino de Israel (Mc 8,29-33; 12,35-37; Jn 6,15; Hch 1,6).

Esta idea era tan ajena al mesianismo de Jesús que a él mismo no le gustaba ser llamado públicamente Mesías. De ahí su pedagogía del “secreto mesiánico” (1,34.44; 3,12; 5,43; 7,36; 8,26.30; 9,9). Sólo después de la muerte y resurrección de Jesús, cuando, a la luz del Espíritu Santo, se comprendió su auténtica misión, fue reconocido y proclamado “Mesías-Cristo”.

El secreto mesiánico es una tesis elaborada sistemáticamente por Marcos para expresar que Jesús escogió libremente el camino del sufrimiento más que el de la gloria. Esta tesis no es, sin embargo, pura ficción del evangelista, sino que está fundada en actitudes muy reales del mismo Jesús (1,25.34.44; 3,12; 5,43; 7,24.36; 8,26; 9,9.30). Estas actitudes del Señor fueron deliberadas y queridas, pues correspondían a su fidelidad al plan de Dios, según el cual la salvación debería llevarse a cabo por medio de la cruz. Siendo así, el secreto mesiánico encierra una visión cristológica muy profunda.

2. JESÚS ES EL HIJO DEL HOMBRE

a) Jesús es hombre, “el Hijo del hombre”. A Jesús le gusta darse este título, que subraya la condición débil y limitada del ser humano y tiene, además, la ventaja de sugerir un papel mesiánico, particular y misterioso (Dn 7,13-14; Mc 2,10.28; 8,31.38; 9,9.12.31; 10,33.45; 13,26; 14,21.41.62).

b) El evangelista destaca claramente los rasgos humanos de Jesús: él es un obrero cuya familia es bien conocida (6,3); no puede hacer milagros por la incredulidad de sus paisanos (6,5s); prohíbe a la gente llamarle “bueno” (10,18); ignora la hora del fin (13,32); muestra variados sentimientos humanos (3,5; 6,34; 8,2.12; 10,14.16.21; 14,34); realiza milagros progresivamente (7,31-35; 8,22-26); hace preguntas (5,30; 8,5; 9,16-21).

c) Jesús debe pasar por la humillación, el sufrimiento y la muerte. Él mismo lo ha predicho (8,31; 9,31; 10,38s). Ese camino es el querido por Dios para él y fue anunciado en la Escritura (9,12; 14,21). Su muerte tiene un carácter redentor (10,45; 14,24). La salvación, conquistada por el precio de su vida, beneficiará al mundo entero (12,8-12; 13,10; 14,9).

d) Este aspecto oculto y doloroso de la persona de Jesús se refleja naturalmente en su obra. El Reino de Dios, que él inaugura, tiene orígenes modestos y difíciles. El capítulo de las parábolas ilustra esta afirmación (4,1-34). Sus discípulos sólo pueden seguirle por un camino de humillación, de desprendimiento y de cruz (8,34s; 9,35; 10,15; 10,24s.29s.39; 13,9-13).

e) Los hechos fueron la confirmación de este plan divino. En efecto, Jesús no encontró sino contradicciones y fracasos. Por eso Marcos nota la insensibilidad de las multitudes (4,12; 5,40; 6,2s), las hostilidades de las autoridades judías (2,1-3.6; 3,22; 7,5; 14,1), la incomprensión de su familia (3,21), la debilidad de sus discípulos (6,52; 7,18; 8,17s.21.33; 9,19.32.34; 10,38; 14,4s.27.30.37s.66-72).

f) Por otra parte, al presentar a Jesús como “el Hijo del hombre”, Marcos quiere manifestar que en Jesús existe un misterio más profundo. Él es el misterioso personaje mesiánico de origen celeste anunciado en Dn 7,13-14, el cual padecerá, morirá, pero resucitará (8,31; 9,9.31; 10,33-34) y vendrá en la gloria de su Padre con los ángeles (8,38), sentado a la diestra de Dios entre nubes, con gran poder (13,26; 14,62).

La clave del segundo evangelio está, pues, en la eminente dignidad de Jesús y en su condición menospreciada: Jesús es un Mesías crucificado, pero el escándalo de la cruz se comprende en su profundidad con el hecho de su resurrección gloriosa.

3. JESÚS ES EL HIJO DE DIOS

El título de “Hijo de Dios” aparece en momentos cruciales de la vida de Jesús: en la presentación del evangelio (1,1); después del bautismo en el Jordán (1,11); en la transfiguración (9,7); en los días de su predicación en Jerusalén (13,32); en la confesión del centurión (15,39) [4].

La realidad ontológica de ser “el Hijo de Dios” se manifiesta en poderes que sólo corresponden a Dios: perdona los pecados (2,10-12); tiene poder sobre el shabbát (2,28; 31,1-5); expulsa los demonios (1,28.34; 3,11); conoce los secretos del corazón (2,8; 8,17; 12,15); predice el porvenir (8,31s; 10,39; 13,1ss); es señor de las fuerzas de la naturaleza (4,41).

Además, Jesús se presenta como el Hijo amado, el Heredero, a quien Dios envía a su viña (12,6); él es superior a los ángeles (1,13; 13,32); en su persona viene el Reino de Dios (1,15), que será instaurado de manera definitiva cuando venga en la gloria de su Padre con los ángeles (8,38s).

III. LENGUA Y ESTILO

El evangelio de Marcos fue escrito en un griego popular, incorrecto, gramaticalmente no cuidado; deja traslucir como autor a una persona bilingüe cuyo idioma propio es probablemente el arameo y su segunda lengua el griego [5]. En el evangelio abundan los arameísmos y de vez en cuando aparecen latinismos por el esfuerzo de darse a comprender por sus lectores. El estilo es vivo, lleno de expresividad; le gustan los detalles, y cautiva la atención y la imaginación del lector.

IV. AUTOR Y FUENTES DEL EVANGELIO

AUTOR DEL EVANGELIO

El evangelio mismo no dice quién fue su autor, pero la tradición antigua, representada por Papías (110-150), y luego por Justino (150), Ireneo (202), Tertuliano (220), Orígenes (254), etc., afirma que Marcos, discípulo de Pedro e intérprete suyo, escribió lo que el apóstol predicaba del Señor [6].

Eusebio de Cesarea, a principios del siglo IV, nos entrega el testimonio de Papías, obispo de Hierápolis, en Frigia, alrededor del año 110 de la era cristiana. Este obispo, a su vez, transmite las palabras de un cierto Juan el Presbítero:

“He aquí lo que decía el presbítero: Marcos, que era el intérprete de Pedro, escribió con exactitud, aunque no con orden, todo lo que recordaba que había dicho o hecho el Señor. Porque él no había oído ni acompañado al Señor; pero más tarde, como he dicho, acompañó a Pedro. Éste daba sus enseñanzas según las necesidades, pero sin hacer una síntesis de las palabras del Señor. De manera que Marcos no ha cometido errores al escribir, según se recordaba. Él no tuvo, en efecto, sino un solo objetivo: no dejar de lado nada de lo que había oído, ni engañar en nada de lo que había transmitido” (Historia eclesiástica, III,39).

Marcos fue compañero de Pablo en diversos momentos de su vida (Hch 13,5-13; 15,37-39; Col 4,10; Flm 24; 2 Tim 4,11), pero también se encuentra al lado de Pedro, que le llama “mi hijo” (1 Pe 5,13).

FUENTES DEL EVANGELIO

Aun cuando se acepte una influencia de Pedro en la composición del segundo evangelio, no se puede decir que el apóstol es la única fuente de la obra. Muy probablemente, el autor conoció y utilizó elementos escritos ya existentes, que han sido conservados en su obra. Recuérdese que Papías hablaba también de un evangelio primitivo escrito por Mateo en lengua aramea. Muchos comentadores piensan que el evangelio de Marcos es producto de la utilización de este evangelio arcaico, en alguna traducción griega, y de los recuerdos personales del apóstol Pedro.

V. LUGAR, DESTINATARIOS Y FECHA DE EDICIÓN EN ROMA

El lugar de edición del evangelio de Marcos parece ser Roma, y sus destinatarios, los cristianos de Roma. Esta opinión se basa no sólo en el testimonio de Papías, sino también en los latinismos que se encuentran en el escrito (12,42; 15,16) y en el contenido mismo del libro. Marcos no habla de la Ley y dice poco del cumplimiento de profecías. En cambio, explica las costumbres judías (7,3-4; 14,12; 15,42) y traduce los arameísmos (5,41; 7,34; 14,36; 15,34).

A LA COMUNIDAD CRISTIANA DE ROMA

Por otra parte, dado nuestro estado actual de conocimientos, podemos reconocer una apreciable congruencia social, religiosa y teológica entre Marcos y la comunidad cristiana romana del siglo I.

Si Roma es el lugar de redacción de Marcos, este dato constituye una importante luz para la recta interpretación del evangelio. En efecto, el conocimiento que tenemos de la comunidad judía de Roma, de la primitiva comunidad cristiana de ese lugar, de la tensión que existía entre los cristianos judíos y gentiles, del martirio de muchos cristianos en ese tiempo y de la epístola de Pablo a los romanos, son elementos que deben tenerse en cuenta en la exégesis de Marcos [7].

El evangelio de Marcos acerca de Jesús-Mesías, el Hijo del hombre y el Hijo de Dios, es una buena noticia de salvación para todos los pueblos y naciones; es el evangelio salvífico de Jesús crucificado [8].

ENTRE LOS AÑOS 64 Y 70 D.C.

Dado que el capítulo 13 de Marcos no supone la destrucción de Jerusalén, el evangelio debió ser escrito antes de ese acontecimiento. La fecha que se propone es entre los años 64 y 70, cuando los cristianos de Roma sufrían la cruel persecución de Nerón. Así se explica también la importancia que Marcos da a la misión de Jesús como un Mesías sufriente, y la necesidad que tienen sus discípulos de seguir sus huellas.




NOTAS
[1] F. J. Matera, “The Crucified Son of God: Introducing the Gospel According to Mark”, ChicStud 34 (1995) 6-16.
[2] F. J. Matera, “‘He Saved Others; He Cannot Save Himself’. A Literary- Critical Perspective on the Marcan Miracles”, Interpretation 47 (1993) 15-26. Los milagros son proclamaciones del Reino de Dios y ocasiones privilegiadas para expresar la fe y la confianza en Jesús. R. Schmücker, “Zur Funktion der Wundergeschichten im Markusevangelium”, ZeitNTWiss 84 (1993) 1-26. Los milagros ayudan a comprender la historia de Jesús, el poder de su Palabra, la significación de su resurrección y la cercanía del Reino de Dios.
[3] G. Minette de Tillesse, “O segredo mesiánico em Marcos”, Revista Bíblica Brasileira [Fortaleza] 7 (1990) 5-40.
[4] M. E. Boring, “Markan Christology: God-Language for Jesus?”, NTStud 45 (1999) 451-471. C. Minette de Tillesse, “Evangelho segundo Marcos”, Revista Bíblica Brasileira [Fortaleza] 3 (1988) 137-156. El autor destaca el carácter eclesial del evangelio de Marcos de la siguiente manera: Prólogo (1,1-13). Vocación de la Iglesia (1,14–3,6). Institución de la Iglesia (3,7–6,6a). Misión de la Iglesia (6,6b–8,26). Confesión de la Iglesia (8,27–10,52). Triunfo mesiánico (11,1–12,44). Pasión de Cristo y de la Iglesia (13,1–16,8).
[5] W. S. Vorster, “Bilingualism and the Greek of the New Testament: Semitic Interference in the Gospel of Mark”, Neotestamentica 24 (1990) 215-228.
[6] Ph. Abadie, “Marc, auteur et destinataires”, en La Bible et sa Culture II, Desclée, París 2000, p. 249.
[7] B. van Iersel, “Rome as the Locus of Mark’s Gospel”, TijdTheol 32 (1992) 125-142. C. C. Black, “Was Mark a Roman Gospel?”, ExpTimes 105 (1993) 36-40.
[8] R. Riva, “Il vangelo di Marco: un anuncio di salvezza nel mondo pagano”, Studia Missionalia [Roma] 42 (1993) 17-40.

Salvador Carrillo Alday, M.Sp.S. (2008). El Evangelio según San Marcos. Navarra, España: Editorial Verbo Divino