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Mateo 16,1-4. FARISEOS Y SADUCEOS PIDEN UN SIGNO DEL CIELO



FARISEOS Y SADUCEOS PIDEN UN SIGNO DEL CIELO (16,1-4; MC 8,11.13; LC 12,54-56)

16,1 Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase un signo del cielo.

2 Mas él les respondió: “Al atardecer decís: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego’,

3 y a la mañana: ‘Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío’. ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos!

4 ¡Generación malvada y adúltera! Un signo pide, y no se le dará otro signo que el signo de Jonás”. Y dejándolos, se fue.

El evangelista presenta ahora, de manera extraña, por primera vez, a los fariseos unidos a los saduceos en su discusión con Jesús. Los saduceos formaban un partido político-religioso en el judaísmo desde el siglo II a. C. hasta la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. Sus miembros pertenecían sobre todo a las grandes familias sacerdotales y a la aristocracia laica. Cuando Mateo redacta su escrito, los saduceos ya no existen como partido.

Los evangelios dan la impresión muy clara de que en la época de Jesús los fariseos gozaban de una gran influencia entre el pueblo, pero no los saduceos. Éstos son poco mencionados. Mientras que el evangelio de Mateo nombra a los fariseos 29 veces, los saduceos aparecen sólo en siete ocasiones (3,7; 16,1.6.11.12; 22,23.34).

Los saduceos tuvieron, en general, menos conflictos con Jesús que los fariseos, pues tenían menos contacto con el pueblo. Sin embargo, los dos partidos se unieron en su odio contra el Maestro. Hacia el fin de su vida, los saduceos comenzaron a ocuparse más de él. Finalmente, el sumo sacerdote saduceo Caifás jugó un papel decisivo en el proceso de la muerte de Jesús. Los saduceos persiguieron igualmente a los discípulos de Jesús (Hch 4,1-4; 5,17).

Fariseos y saduceos, poniendo a prueba a Jesús, le piden un “signo del cielo”, esto es, una señal asombrosa, perceptible a los sentidos, mediante la cual muestre su autoridad (Is 7,11).

Jesús acude a la experiencia universal de la contemplación de la naturaleza, para adivinar la presencia de un buen tiempo o de un tiempo de tormenta. Pues bien, Dios está proporcionando “signos de los tiempos” para reconocer la obra mesiánica y salvífica de Jesús. Es su persona misma y son también sus milagros de todas clases (11,3-5; 12,28). Esta palabra de Jesús es una invitación para tratar de percibir, en cada época, en un ambiente de fe, la voluntad de Dios mediante los acontecimientos de la historia.

Enseguida, Jesús alude al signo de Jonás, del que había ya tratado Mateo en 12,38-41. Dos aspectos son dignos de consideración en el profeta Jonás: su predicación, que convirtió a los ninivitas, y su permanencia de tres días y tres noches en el vientre del cetáceo. De la misma manera, Jesús demuestra su misión divina: ahora, mediante su predicación; más tarde, por el triunfo de su resurrección.