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LIBRO:

Mateo 14,1-12. LA MUERTE DE JUAN EL BAUTISTA



LA MUERTE DE JUAN EL BAUTISTA (14,1-12; MC 6,14,29; LC 3,19-20; 9,7-9)

14,1 En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús

2 y dijo a sus criados: “Ése es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.

3 Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.

4 Porque Juan le decía: “No te es lícito tenerla”.

5 Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.

6 Mas, llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos, gustando tanto a Herodes

7 que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese.

8 Ella, instigada por su madre, “dame aquí –dijo–, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”.

9 Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese

10 y envió a decapitar a Juan en la cárcel.

11 Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.

12 Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron, y fueron a informar a Jesús.

Herodes Antipas, rey de Galilea y de Perea, era hijo de Herodes el Grande y de Maltaces, y hermano de Arquelao y de Filipo. Estaba casado con la hija de Aretas IV, rey de los nabateos, a quien repudió para casarse con Herodías, nieta de Herodes el Grande, hija de Aristóbulo IV y de Berenice, esposa de su tío Herodes Filipo –un hijo de Herodes que vivía en Roma–, y madre de Salomé. El relato de Mateo es más breve que la historia narrada por Marcos.

Herodes creía que Jesús era Juan el Bautista, que había resucitado y que por eso obraban en él poderes milagrosos. Juan reprendía a Herodes por el incesto en que vivía (Lv 20,21). Éste, por una parte, temía a Juan por ser un hombre justo (Mc 6,20), y temía también al pueblo, que lo tenía como un profeta, pero, en definitiva, quería darle muerte. La ocasión se presentó cuando, en su cumpleaños, Salomé bailó y complació tanto a Herodes que éste le juró darle lo que ella quisiera. Instigada por su madre, pidió la cabeza de Juan el Bautista. Juan fue decapitado en la prisión de Maqueronte, al este del mar Muerto, sin que hubiera el menor juicio. La cabeza de Juan fue entregada a Salomé y a Herodías, mientras que los discípulos de Juan recogieron su cadáver. Y Jesús fue informado de todo.

Este pasaje describe cómo Juan Bautista fue víctima de la corrupción y de la prepotencia del gobierno de Herodes. Fue condenado a muerte sin proceso, durante un banquete del rey con los grandes del reino. El texto nos da muchas informaciones sobre el tiempo en que Jesús vivía y sobre la manera en que los poderosos de aquel tiempo ejercían el poder.

Mateo 14,1-2. ¿Quién es Jesús para Herodes?

El texto inicia informando sobre la opinión de Herodes respecto a Jesús: "Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas. Herodes trataba de entender a Jesús desde los miedos que le asaltaban después del asesinato de Juan. Herodes era un gran supersticioso que escondía el miedo detrás de la ostentación de su riqueza y de su poder.

Mateo 14,3-5: La causa escondida del asesinato de Juan.

Galilea, la tierra de Jesús, estaba gobernada por Herodes Antipas, hijo del rey Herodes, el Grande, desde el 4 antes de Cristo. Herodes era dueño absoluto de todo, aparentemente, porque quien mandaba en Palestina en realidad, desde el 62 antes de Cristo, era el Imperio Romano. Herodes, en Galilea, para no ser depuesto, procuraba agradar a Roma, en todo. Insistía sobre todo en una administración eficiente que diera lucro al Imperio. Su preocupación era su propia promoción y seguridad. Por ello, reprimía cualquier tipo de subversión. Mateo informa que el motivo del asesinato de Juan fue la denuncia que el Bautista hace a Herodes por haberse casado con Herodíades, mujer de su hermano Felipe. Flavio José, escritor judío de aquella época, informa que el motivo real de la prisión de Juan Bautista era el miedo que Herodes tenía a un levantamiento popular. A Herodes le gustaba ser llamado bienhechor del pueblo, pero en realidad era un tirano (Lc 22,25). La denuncia de Juan contra Herodes fue la gota que hizo rebosar el vaso: "No te es lícito tenerla". Y Juan fue puesto en la cárcel.

Mateo 14,6-12: La trama del asesinato.

Aniversario y banquete de fiesta, ¡con danzas y orgías! Marcos informa que la fiesta contaba con la presencia “de los grandes de la corte, de los oficiales y de personas importantes en Galilea” (Mc 6,21). Es éste el ambiente en que se trama el asesinato de Juan Bautista. Juan, el profeta, era una denuncia viva de este sistema corrupto. Por esto fue eliminado bajo pretexto de un problema de venganza personal. Todo esto revela la flaqueza moral de Herodes. ¡Tanto poder acumulado en mano de un hombre sin control de sí! En el entusiasmo de la fiesta y del vino, Herodes hizo un juramento liviano a Salomé , la joven bailarina, hija de Herodíades. Supersticioso como era, pensaba que debía guardar ese juramento, atendiendo a los caprichos de la muchacha y mandó el soldado a traerle la cabeza de Juan sobre una bandeja y entregarla a la bailarina, que a su vez la entregó a su madre. Para Herodes, la vida de los súbditos no valía nada. Disponía de ellos como disponía de la posición de las sillas en la sala.

Las tres características del gobierno de Herodes: la nueva Capital, el latifundio y la clase de los funcionarios:

a) La Nueva Capital. Tiberíades fue inaugurada cuando Jesús tenía 20 años. Era llamada así para agradarle a Tiberio, el emperador de Roma. Allí moraban los dueños de la tierra, los soldados, la policía, los jueces muchas veces insensibles (Lc 18,1-4). Para allá llevaban los impuestos y el producto del pueblo. Allí Herodes hacía sus orgías de muerte (Mc 6,21-29). Tiberíades era la ciudad de los palacios del Rey, donde vivía el personal que viste con elegancia (cf Mt 11,8). No consta en los evangelios que Jesús hubiese entrado en esta ciudad.

b) El latifundio. Los estudiosos informan que, durante el largo gobierno de Herodes, el latifundio creció en prejuicio de las propiedades comunitarias. El libro de Henoc denuncia a los dueños de las tierras y expresa la esperanza de los pequeños: “¡Entonces los poderosos y los grandes dejarán de ser los dueños de la tierra!” (Hen 38,4). El ideal de los tiempos antiguos era éste: “Cada uno se sentaba a la sombra de su parra y de su higuera, y nadie lo inquietaba” (1 Mac 14,12; Miq 4,4; Zac 3,10). Pero la política del gobierno de Herodes volvía imposible la realización de este ideal.

c) La clase de los funcionarios. Herodes creó toda una clase de funcionarios fieles al proyecto del rey: escribas, comerciantes, dueños de tierras, fiscales del mercado, recaudadores de impuestos, militares, policías, jueces, promotores, jefes locales. En cada aldea o ciudad había un grupo de personas que apoyaban al gobierno. En los evangelios, algunos fariseos aparecen junto a los herodianos (Mc 3,6; 8,15; 12,13), lo cual refleja la alianza entre el poder religioso y el poder civil. La vida de la gente en las aldeas estaba muy controlada tanto por el gobierno como por la religión. Se necesitaba mucho valor para comenzar algo nuevo, ¡como lo hicieron Juan y Jesús! Era lo mismo que atraerse sobre sí la rabia de los privilegiados, tanto del poder religioso como del poder civil.